En Monfragüe se funde la tierra con el cielo, uno capta la inmensidad del cosmos y pierde el sentido de las fronteras.

Ha caído la noche y, de repente, un nuevo mundo asombrosamente mágico se abre ante nuestros ojos. El cielo, antes iluminado de un perfecto azul, se ha convertido en un maravilloso manto de estrellas. Millones de ellas cubren nuestra bóveda celeste, marcando especialmente el trazo de nuestra gran casa, la Vía Láctea. La calma del aire, el olor de la tierra y de las encinas me embaucan y los sonidos de la noche me embrujan. He vivido experiencias similares en otras partes del mundo, pero este lugar es particularmente especial. Aquí se funde la tierra con el cielo, uno capta la inmensidad del cosmos y pierde el sentido de las fronteras.

Salto del Gitano

“He vivido experiencias similares en otras partes del mundo, pero este lugar es particularmente especial. Aquí se funde la tierra con el cielo, uno capta la inmensidad del cosmos y pierde el sentido de las fronteras”

→ Nos encontramos en la reserva de la biosfera de Monfragüe

Monfragüe fue declarado parque nacional en el año 2007; uno de los últimos reductos de algunas especies en peligro de extinción donde aún cohabitan todos los seres vivos en armonía con el cosmos. Este paraíso de la naturaleza no sólo se circunscribe exactamente al contorno del parque y a los municipios afectados por el mismo, sino que incluye otros territorios de localidades limítrofes como Casas de Millán, Mirabel, Casatejada, Saucedilla, Romangordo, Higuera de Albalat y Deleitosa, que conforman junto a los anteriores la reserva de la biosfera de Monfragüe. Todos ellos disfrutando de un entorno privilegiado para el desarrollo natural de la fauna, la flora y la astronomía.

Fotografiar la noche en cualquier lugar del entorno de la reserva no es sólo una pasión por capturar bonitas imágenes, sino el descubrimiento de un mundo totalmente ancestral con el cual, en nuestra época, hemos perdido el contacto. Hace 3000 años no era así, el conocimiento del cielo era tecnología punta y el único calendario agrícola fiable. Cuando Sirio aparecía subiendo por el horizonte este, poco antes del amanecer, los egipcios sabían que entonces era el momento de sembrar, antes de que las aguas del adorado Nilo fertilizaran sus campos con su inundación anual.

Hoy en día, lamentablemente, hemos perdido el contacto y la relación con nuestros cielos. La falta de necesidad de conocerlos ha traído consigo la contaminación lumínica, un capricho colateral que hemos generado con el desarrollo de nuestra vida moderna y que nos ha llevado a inundar con luz el espacio de nuestros pueblos y ciudades. La lumínica es el tipo de contaminación menos conocida y la sociedad no es consciente del perjuicio que ocasiona tanto a la salud de las personas como a las otras especies que comparten el entorno con nosotros. El exceso de luz intrusa y el tipo empleado puede afectar a la salud de las personas, alterando sus ritmos circadianos. Y también ignoramos el daño que ocasionamos a las especies nocturnas que habitan el planeta desde hace millones de años y a las que les hemos esquilmado sus derechos. Ellas son las verdaderas propietarias del entorno nocturno, donde viven, cazan y se reproducen. No nos damos cuenta que otras miles de especies usan la noche para seguir viviendo, aprovechándose de la oscuridad para ocultarse y así no ser cazados.

La imagen de la Vía Láctea de invierno nos descubre la nebulosa de Orión, la Galaxía M31 o la estrella Sirio.

Pero también, la contaminación lumínica, nos ha aislado del universo. Tal es así, que el 80% de la población mundial, increíblemente, desconoce o no ha visto nunca la Vía Láctea. En una ciudad media, la cantidad de estrellas que uno puede observar a simple vista no llegan ni a una docena. Hoy, aunque soñemos con las estrellas, no las necesitamos para el desarrollo de nuestra vida diaria, han perdido su valor, aunque siguen manteniendo toda su magia.

La magia del descubrimiento de la noche y el conocimiento del cosmos, lo podemos aun disfrutar en este magnífico entorno natural de la reserva de la biosfera de Monfrague, que cuenta con uno de los cielos más oscuros de Europa. La Unesco, a través de la fundación Starlight, lo ha cuantificado, demostrado y certificado con los datos recopilados durante años sobre su fondo de cielo oscuro. Los cielos en la reserva son oscuros, transparentes, estables y con un porcentaje de noches oscuras y despejadas llegando al orden del 50%. En una noche sin nubes se pueden llegar a observar más de 2000 estrellas; uno entra en contacto directo con la energía que nos llega del cosmos, y la emoción, las sorpresas y el disfrute están garantizados. Justamente en Monfrague capturé mis primeras fotografías nocturnas, y desde entonces no he podido desengancharme de este paraíso.

Captar los objetos del cielo profundo con telescopios nos hace sentirnos como exploradores del infinito.

¿Por qué no hacer una inmersión nocturna en este paisaje tan singular? La aventura y la experiencia serán emocionantes. ¿Os apetece?, ¿me acompañáis? Para ello, deberíamos preparar un buen plan de observación astronómica.

Pero, ¿por dónde empezamos? Primero deberíamos tener claro nuestro plan de observación: qué incluye, qué objetos o eventos astronómicos queremos observar, la época en la que se pueden observar, elegir una ubicación singular y preparar el material adecuado que queremos utilizar para observar. No cabe decir que sería muy importante estudiar y aprender algo del cielo estrellado antes de ir.

→ Empecemos por elaborar un buen plan astronómico

Los días sin luna llena, podríamos querer plantearnos reconocer las 48 constelaciones observables desde nuestro hemisferio norte. En cada estación del año, desde los cielos oscuros de Monfragüe, descubriremos su ubicación en la bóveda celeste y sus caprichosas formas. ¡Es tan gratificante unir las distintas estrellas que forman la figura de cada constelación y saber a quién pertenece cada una! Es como acudir a una gran sala de cine donde, cada constelación, nos representa un personaje de película, mitológico, con una historia increíble que seguro os encantaría descubrir. Además, cada constelación, alberga numerosos objetos astronómicos y estrellas de gran belleza, que pueden observarse a simple vista, con prismáticos o mediante un pequeño telescopio. Toda una aventura excitante y llena de maravillas.

Desde Monfrague las encinas y las estrellas conforman la imagen de unión de nuestros cielos con la Tierra.

“Hoy en día, lamentablemente, hemos perdido el contacto y la relación con nuestros cielos. La falta de necesidad de conocerlos ha traído consigo la contaminación lumínica”

Os animo a descubrir el mundo de las estrellas; os nombro algunas muy interesantes, como Aldebarán, en la constelación de Tauro, visible en otoño e invierno. Una estrella gigante naranja, 425 veces más luminosa que el Sol al cual se le está acabando su combustible interno, empezando su fase de final de vida.

En la constelación de Orión, también visible en otoño e invierno, nos encontraremos a Rigel a 780 años luz de distancia, es una super-gigante blanco-azulada, estrellas de esta masa finalizan sus vidas en una explosión de supernova. También observaremos a Betelgeuse, una estrella brillante del tipo super-gigante roja, que en su tamaño máximo se extendería hasta más allá de la órbita de Marte.

Sirio, en la constelación de Can Mayor, es la estrella más brillante del cielo nocturno. Esta estrella es tan notable que es en realidad una estrella binaria y es muy conocida desde la antigüedad.

Deneb, es la estrella más brillante de la constelación del Cisne. Visible principalmente en verano, su potencia lumínica es tal que en un solo día genera tanta energía como el Sol en 140 años.

Polaris, quizás la estrella de la que más hemos oído hablar. Ubicada en la constelación de la Osa Menor, la estrella polar se encuentra casi exactamente sobre el eje de rotación de la Tierra y se usa de referencia para localizar el norte geográfico. Nos parece que todas las estrellas giran alrededor de ella, pero en realidad, nos delatan el movimiento de rotación de la Tierra.

Antares, situada en la constelación del Escorpión, visible durante el verano mirando hacia el sur. Es una super-gigante roja situada aproximadamente a 550 años luz del sistema solar. Si estuviese en el centro del nuestro, su superficie se extendería entre las órbitas de Marte y Júpiter.

Vega, en la constelación de Lira, visible es la quinta estrella más brillante del cielo nocturno y la tercera del hemisferio norte celeste tras Sirio y Arturo. Vega ha sido muy estudiada por los astrónomos, llegando a ser catalogada como la estrella más importante en el cielo después del Sol. Vega fue la estrella polar alrededor del año 12.000 a. C.

Reloj solar, mirador Era de los Santos (Casas de Miravete)

Otro gran espectáculo es observar y conocer nuestra gran galaxia, la Vía láctea; donde nuestro hogar, el sistema solar, está embebido con otras 400.000 millones de estrellas, todas ellas agrupadas formando un disco plano espiral. En primavera y verano, mirando entre el este y el sur, podemos reconocer parte de la Vía Láctea cuando nombramos y marcamos en el cielo la gran banda brillante del “Camino de Santiago”. La zona más espectacular es el centro galáctico, con el brazo de Sagitario. Es una zona riquísima con objetos astronómicos espectaculares para conocer a simple vista, con prismáticos o fotografiar.

Por otro lado, si quisiéramos descubrir la magia de observar la nebulosa de Orión, un centro energético brillante compuesto de nubes de gas y polvo donde están naciendo estrellas, tendríamos que elegir la temporada entre noviembre y abril. Se puede observar a simple vista, pero la mejor visión se obtiene con unos prismáticos o mediante un pequeño telescopio.

Puede que queramos contemplar la magia de los planetas y la Luna. Yo siempre recomiendo que la Luna se observe en alguna de sus fases intermedias, nunca en luna llena, ya que se verá plana y sin relieve; y además, nos contaminaría con tanta luz todo el entorno, que no nos dejaría ver las estrellas. Y por qué no, descubrir la belleza de los planetas como Venus, Marte, Júpiter o Saturno; realmente podemos disfrutar observándolos a simple vista, con prismáticos o con pequeños telescopios.

Otro buen plan astronómico es proyectar nuestra observación para disfrutar algunas de las numerosas lluvias de estrellas que acontecen durante el año. Las lluvias de estrellas son partículas sólidas provenientes del espacio relacionadas siempre con los restos que dejan los cometas al acercarse al Sol, más grandes que un átomo pero mucho más pequeñas que los asteroides y que se queman en la atmósfera terrestre y se los denominan meteoroides, que entran en la atmósfera y se consumen antes de caer al suelo. Algunos logran sobrevivir al paso por la atmósfera terrestre y si llegan a la superficie de la Tierra, se les denomina meteoritos. Las más famosas son la Perseidas en agosto, pero también existen otras lluvias muy interesantes e intensas que puedes planificar con tu viaje.

“Otro gran espectáculo es observar y conocer nuestra gran galaxia, la Vía láctea; donde nuestro hogar, el sistema solar, está embebido con otras 400.000 millones de estrellas”

Pero, el espectáculo del universo es tan inmensamente grande, y existen tal cantidad de objetos de gran belleza que pueden ser observados, que sería conveniente consultar algunas de las numerosas páginas que existen en internet, donde indican qué observar y cuándo, en el cosmos. Sugiero que nos llevemos un planisferio o, como manda la modernidad, descargarnos alguno de los programas planetarios que se ofrecen para nuestro smartphone.

En general y como es de sentido común, las ubicaciones más adecuadas para realizar una observación astronómica óptima, deben ser aquellos lugares más alejados de cascos urbanos que ofrezcan una orografía plana y despejada o en su defecto los puntos más elevados de montañas y colinas, preferentemente despejados de arbolado, aprovechando mesetas.

La reserva de la biosfera de Monfragüe es un territorio magnífico, con muchos emplazamientos idóneos para ubicar nuestro puesto de observación nocturno. Para disfrutar de una experiencia tan gratificante e intensa, es sumamente importante y necesario acercarse y disfrutar previamente del lugar elegido durante el día. Con ello captaremos la belleza del entorno con luz, elegiremos el lugar de observación nocturna y evitaremos accidentes.

Dentro de esa programación debemos contar bien con el material astronómico que vamos a utilizar: prismáticos con trípode, pequeño telescopio, la cámara de fotos, el móvil, todo preparado y con las baterías cargadas. 

Importantísimo llevar ropa de abrigo, lo mejor de todo para protegerse del frío ya sea invierno o en verano, ya que las temperaturas pueden llegar a ser muy frescas en las dehesas extremeñas. Linterna o frontal: o te puedes abrir la cabeza. Usar una con luz roja para no molestar a los compañeros y no perder capacidad visual. Es interesante que sea de esas que van en la cabeza para poder tener las manos libres, como las de los espeleólogos.

El entorno de Monfragüe, a la luz de las estrellas, despertará nuestra curiosidad innata. La noche serena, el olor a encina, los sonidos de la vida, el espacio inmenso, la tierra mágica y bella, y nosotros solos al contemplar la inmensidad del firmamento, nos preguntaremos, qué otros espectáculos grandiosos y nuevos mundos existirán ahí fuera. Somos fruto de una casualidad cósmica o la vida es algo tan natural como uno la ve en la Tierra. Nos permitirá descubrir la gran pregunta que todos los seres humanos nos hacemos, cual es nuestro lugar en el universo y si existe vida fuera de nuestra Tierra.   

Preservemos este maravilloso regalo universal para el disfrute y el conocimiento de las próximas generaciones. Felices Cielos.