LUZ DE ESTRELLAS. Por José Luis Quiñones

En Monfragüe se funde la tierra con el cielo, uno capta la inmensidad del cosmos y pierde el sentido de las fronteras.

Ha caído la noche y, de repente, un nuevo mundo asombrosamente mágico se abre ante nuestros ojos. El cielo, antes iluminado de un perfecto azul, se ha convertido en un maravilloso manto de estrellas. Millones de ellas cubren nuestra bóveda celeste, marcando especialmente el trazo de nuestra gran casa, la Vía Láctea. La calma del aire, el olor de la tierra y de las encinas me embaucan y los sonidos de la noche me embrujan. He vivido experiencias similares en otras partes del mundo, pero este lugar es particularmente especial. Aquí se funde la tierra con el cielo, uno capta la inmensidad del cosmos y pierde el sentido de las fronteras.

Salto del Gitano

“He vivido experiencias similares en otras partes del mundo, pero este lugar es particularmente especial. Aquí se funde la tierra con el cielo, uno capta la inmensidad del cosmos y pierde el sentido de las fronteras”

→ Nos encontramos en la reserva de la biosfera de Monfragüe

Monfragüe fue declarado parque nacional en el año 2007; uno de los últimos reductos de algunas especies en peligro de extinción donde aún cohabitan todos los seres vivos en armonía con el cosmos. Este paraíso de la naturaleza no sólo se circunscribe exactamente al contorno del parque y a los municipios afectados por el mismo, sino que incluye otros territorios de localidades limítrofes como Casas de Millán, Mirabel, Casatejada, Saucedilla, Romangordo, Higuera de Albalat y Deleitosa, que conforman junto a los anteriores la reserva de la biosfera de Monfragüe. Todos ellos disfrutando de un entorno privilegiado para el desarrollo natural de la fauna, la flora y la astronomía.

Fotografiar la noche en cualquier lugar del entorno de la reserva no es sólo una pasión por capturar bonitas imágenes, sino el descubrimiento de un mundo totalmente ancestral con el cual, en nuestra época, hemos perdido el contacto. Hace 3000 años no era así, el conocimiento del cielo era tecnología punta y el único calendario agrícola fiable. Cuando Sirio aparecía subiendo por el horizonte este, poco antes del amanecer, los egipcios sabían que entonces era el momento de sembrar, antes de que las aguas del adorado Nilo fertilizaran sus campos con su inundación anual.

Hoy en día, lamentablemente, hemos perdido el contacto y la relación con nuestros cielos. La falta de necesidad de conocerlos ha traído consigo la contaminación lumínica, un capricho colateral que hemos generado con el desarrollo de nuestra vida moderna y que nos ha llevado a inundar con luz el espacio de nuestros pueblos y ciudades. La lumínica es el tipo de contaminación menos conocida y la sociedad no es consciente del perjuicio que ocasiona tanto a la salud de las personas como a las otras especies que comparten el entorno con nosotros. El exceso de luz intrusa y el tipo empleado puede afectar a la salud de las personas, alterando sus ritmos circadianos. Y también ignoramos el daño que ocasionamos a las especies nocturnas que habitan el planeta desde hace millones de años y a las que les hemos esquilmado sus derechos. Ellas son las verdaderas propietarias del entorno nocturno, donde viven, cazan y se reproducen. No nos damos cuenta que otras miles de especies usan la noche para seguir viviendo, aprovechándose de la oscuridad para ocultarse y así no ser cazados.

La imagen de la Vía Láctea de invierno nos descubre la nebulosa de Orión, la Galaxía M31 o la estrella Sirio.

Pero también, la contaminación lumínica, nos ha aislado del universo. Tal es así, que el 80% de la población mundial, increíblemente, desconoce o no ha visto nunca la Vía Láctea. En una ciudad media, la cantidad de estrellas que uno puede observar a simple vista no llegan ni a una docena. Hoy, aunque soñemos con las estrellas, no las necesitamos para el desarrollo de nuestra vida diaria, han perdido su valor, aunque siguen manteniendo toda su magia.

La magia del descubrimiento de la noche y el conocimiento del cosmos, lo podemos aun disfrutar en este magnífico entorno natural de la reserva de la biosfera de Monfrague, que cuenta con uno de los cielos más oscuros de Europa. La Unesco, a través de la fundación Starlight, lo ha cuantificado, demostrado y certificado con los datos recopilados durante años sobre su fondo de cielo oscuro. Los cielos en la reserva son oscuros, transparentes, estables y con un porcentaje de noches oscuras y despejadas llegando al orden del 50%. En una noche sin nubes se pueden llegar a observar más de 2000 estrellas; uno entra en contacto directo con la energía que nos llega del cosmos, y la emoción, las sorpresas y el disfrute están garantizados. Justamente en Monfrague capturé mis primeras fotografías nocturnas, y desde entonces no he podido desengancharme de este paraíso.

Captar los objetos del cielo profundo con telescopios nos hace sentirnos como exploradores del infinito.

¿Por qué no hacer una inmersión nocturna en este paisaje tan singular? La aventura y la experiencia serán emocionantes. ¿Os apetece?, ¿me acompañáis? Para ello, deberíamos preparar un buen plan de observación astronómica.

Pero, ¿por dónde empezamos? Primero deberíamos tener claro nuestro plan de observación: qué incluye, qué objetos o eventos astronómicos queremos observar, la época en la que se pueden observar, elegir una ubicación singular y preparar el material adecuado que queremos utilizar para observar. No cabe decir que sería muy importante estudiar y aprender algo del cielo estrellado antes de ir.

→ Empecemos por elaborar un buen plan astronómico

Los días sin luna llena, podríamos querer plantearnos reconocer las 48 constelaciones observables desde nuestro hemisferio norte. En cada estación del año, desde los cielos oscuros de Monfragüe, descubriremos su ubicación en la bóveda celeste y sus caprichosas formas. ¡Es tan gratificante unir las distintas estrellas que forman la figura de cada constelación y saber a quién pertenece cada una! Es como acudir a una gran sala de cine donde, cada constelación, nos representa un personaje de película, mitológico, con una historia increíble que seguro os encantaría descubrir. Además, cada constelación, alberga numerosos objetos astronómicos y estrellas de gran belleza, que pueden observarse a simple vista, con prismáticos o mediante un pequeño telescopio. Toda una aventura excitante y llena de maravillas.

Desde Monfrague las encinas y las estrellas conforman la imagen de unión de nuestros cielos con la Tierra.

“Hoy en día, lamentablemente, hemos perdido el contacto y la relación con nuestros cielos. La falta de necesidad de conocerlos ha traído consigo la contaminación lumínica”

Os animo a descubrir el mundo de las estrellas; os nombro algunas muy interesantes, como Aldebarán, en la constelación de Tauro, visible en otoño e invierno. Una estrella gigante naranja, 425 veces más luminosa que el Sol al cual se le está acabando su combustible interno, empezando su fase de final de vida.

En la constelación de Orión, también visible en otoño e invierno, nos encontraremos a Rigel a 780 años luz de distancia, es una super-gigante blanco-azulada, estrellas de esta masa finalizan sus vidas en una explosión de supernova. También observaremos a Betelgeuse, una estrella brillante del tipo super-gigante roja, que en su tamaño máximo se extendería hasta más allá de la órbita de Marte.

Sirio, en la constelación de Can Mayor, es la estrella más brillante del cielo nocturno. Esta estrella es tan notable que es en realidad una estrella binaria y es muy conocida desde la antigüedad.

Deneb, es la estrella más brillante de la constelación del Cisne. Visible principalmente en verano, su potencia lumínica es tal que en un solo día genera tanta energía como el Sol en 140 años.

Polaris, quizás la estrella de la que más hemos oído hablar. Ubicada en la constelación de la Osa Menor, la estrella polar se encuentra casi exactamente sobre el eje de rotación de la Tierra y se usa de referencia para localizar el norte geográfico. Nos parece que todas las estrellas giran alrededor de ella, pero en realidad, nos delatan el movimiento de rotación de la Tierra.

Antares, situada en la constelación del Escorpión, visible durante el verano mirando hacia el sur. Es una super-gigante roja situada aproximadamente a 550 años luz del sistema solar. Si estuviese en el centro del nuestro, su superficie se extendería entre las órbitas de Marte y Júpiter.

Vega, en la constelación de Lira, visible es la quinta estrella más brillante del cielo nocturno y la tercera del hemisferio norte celeste tras Sirio y Arturo. Vega ha sido muy estudiada por los astrónomos, llegando a ser catalogada como la estrella más importante en el cielo después del Sol. Vega fue la estrella polar alrededor del año 12.000 a. C.

Reloj solar, mirador Era de los Santos (Casas de Miravete)

Otro gran espectáculo es observar y conocer nuestra gran galaxia, la Vía láctea; donde nuestro hogar, el sistema solar, está embebido con otras 400.000 millones de estrellas, todas ellas agrupadas formando un disco plano espiral. En primavera y verano, mirando entre el este y el sur, podemos reconocer parte de la Vía Láctea cuando nombramos y marcamos en el cielo la gran banda brillante del “Camino de Santiago”. La zona más espectacular es el centro galáctico, con el brazo de Sagitario. Es una zona riquísima con objetos astronómicos espectaculares para conocer a simple vista, con prismáticos o fotografiar.

Por otro lado, si quisiéramos descubrir la magia de observar la nebulosa de Orión, un centro energético brillante compuesto de nubes de gas y polvo donde están naciendo estrellas, tendríamos que elegir la temporada entre noviembre y abril. Se puede observar a simple vista, pero la mejor visión se obtiene con unos prismáticos o mediante un pequeño telescopio.

Puede que queramos contemplar la magia de los planetas y la Luna. Yo siempre recomiendo que la Luna se observe en alguna de sus fases intermedias, nunca en luna llena, ya que se verá plana y sin relieve; y además, nos contaminaría con tanta luz todo el entorno, que no nos dejaría ver las estrellas. Y por qué no, descubrir la belleza de los planetas como Venus, Marte, Júpiter o Saturno; realmente podemos disfrutar observándolos a simple vista, con prismáticos o con pequeños telescopios.

Otro buen plan astronómico es proyectar nuestra observación para disfrutar algunas de las numerosas lluvias de estrellas que acontecen durante el año. Las lluvias de estrellas son partículas sólidas provenientes del espacio relacionadas siempre con los restos que dejan los cometas al acercarse al Sol, más grandes que un átomo pero mucho más pequeñas que los asteroides y que se queman en la atmósfera terrestre y se los denominan meteoroides, que entran en la atmósfera y se consumen antes de caer al suelo. Algunos logran sobrevivir al paso por la atmósfera terrestre y si llegan a la superficie de la Tierra, se les denomina meteoritos. Las más famosas son la Perseidas en agosto, pero también existen otras lluvias muy interesantes e intensas que puedes planificar con tu viaje.

“Otro gran espectáculo es observar y conocer nuestra gran galaxia, la Vía láctea; donde nuestro hogar, el sistema solar, está embebido con otras 400.000 millones de estrellas”

Pero, el espectáculo del universo es tan inmensamente grande, y existen tal cantidad de objetos de gran belleza que pueden ser observados, que sería conveniente consultar algunas de las numerosas páginas que existen en internet, donde indican qué observar y cuándo, en el cosmos. Sugiero que nos llevemos un planisferio o, como manda la modernidad, descargarnos alguno de los programas planetarios que se ofrecen para nuestro smartphone.

En general y como es de sentido común, las ubicaciones más adecuadas para realizar una observación astronómica óptima, deben ser aquellos lugares más alejados de cascos urbanos que ofrezcan una orografía plana y despejada o en su defecto los puntos más elevados de montañas y colinas, preferentemente despejados de arbolado, aprovechando mesetas.

La reserva de la biosfera de Monfragüe es un territorio magnífico, con muchos emplazamientos idóneos para ubicar nuestro puesto de observación nocturno. Para disfrutar de una experiencia tan gratificante e intensa, es sumamente importante y necesario acercarse y disfrutar previamente del lugar elegido durante el día. Con ello captaremos la belleza del entorno con luz, elegiremos el lugar de observación nocturna y evitaremos accidentes.

Dentro de esa programación debemos contar bien con el material astronómico que vamos a utilizar: prismáticos con trípode, pequeño telescopio, la cámara de fotos, el móvil, todo preparado y con las baterías cargadas. 

Importantísimo llevar ropa de abrigo, lo mejor de todo para protegerse del frío ya sea invierno o en verano, ya que las temperaturas pueden llegar a ser muy frescas en las dehesas extremeñas. Linterna o frontal: o te puedes abrir la cabeza. Usar una con luz roja para no molestar a los compañeros y no perder capacidad visual. Es interesante que sea de esas que van en la cabeza para poder tener las manos libres, como las de los espeleólogos.

El entorno de Monfragüe, a la luz de las estrellas, despertará nuestra curiosidad innata. La noche serena, el olor a encina, los sonidos de la vida, el espacio inmenso, la tierra mágica y bella, y nosotros solos al contemplar la inmensidad del firmamento, nos preguntaremos, qué otros espectáculos grandiosos y nuevos mundos existirán ahí fuera. Somos fruto de una casualidad cósmica o la vida es algo tan natural como uno la ve en la Tierra. Nos permitirá descubrir la gran pregunta que todos los seres humanos nos hacemos, cual es nuestro lugar en el universo y si existe vida fuera de nuestra Tierra.   

Preservemos este maravilloso regalo universal para el disfrute y el conocimiento de las próximas generaciones. Felices Cielos.

AZUL PIEDRA · GEOPARQUE VILLUERCAS IBORES JARA

No todo en el geoparque es roca, palabra y concepto muy del gusto de los geólogos, también hay hueso, madera y mucha piedra.

Puede parecer que roca y piedra es lo mismo, pero no es así; la piedra suele referirse a fragmentos de pequeño tamaño y no a afloramientos, y además sirve igual para hablar de rocas que de minerales. A nosotros es no obstante la que nos interesa aquí, pues de ella, entre otras cosas como veremos, se compone el atractivo patrimonio de nuestro geoparque. En la iglesia de San Juan Bautista por ejemplo, en Berzocana, están depositados los restos de San Fulgencio y Santa Florentina. La historia de estos santos muy venerados, hermanos de San Isidoro de Sevilla y Teodora, mujer del rey Leovigildo, se remonta al siglo VI con la conversión al catolicismo de la monarquía visigoda arriana. Según cuenta la leyenda, sus restos transportados por unos clérigos que en el año 713 huían de Sevilla tras la invasión islámica fueron enterrados en estas sierras junto a un “brezo cano”, lo que justificaría el topónimo de la localidad, donde serían descubiertos en el siglo XIII por un labriego al toparse su arado con un arca de alabastro que los contenía. Protagonizaron más tarde un pleito promovido por la ciudad de Cartagena que los reclamaba, ya que los santos eran oriundos de allí, resuelto por Felipe II al determinar salomónicamente que dos huesos grandes fueran a El Escorial, dos a Murcia y el resto permaneciera en Berzocana, para lo que ordenó que se erigiese una capilla y donó el bello relicario que los contiene en esta iglesia de estilo gótico y exquisita factura interior.

→ Tiene Guadalupe hermoso

La leyenda también dice que los mismos clérigos que huían con los restos de los santos portaban consigo otro objeto más valioso si cabe; una imagen de la virgen que el mismísimo papa San Gregorio había regalado al quinto hermano, San Leandro, obispo de Sevilla. Y cuenta que también la enterraron, esta en las inmediaciones del río Guadalupejo. Lo uno llevó a lo otro y cuando en el siglo XIII, tras la correspondiente aparición mariana al vaquero Gil Cordero, se exhumó la imagen comenzó el devenir de lo que hoy conocemos como Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe, la joya arquitectónica y espiritual de la provincia cacereña declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Hay que visitar alguna vez en la vida este celebérrimo lugar, y no ya por su larga tradición peregrina -que lo llevó a ser el templo más concurrido del antiguo reino de Castilla- sino por el espectáculo que ofrece su pétrea estampa recortada sobre el feroz pico Villuercas y los innumerables tesoros que alberga en su interior como el  divino patio mudéjar, los libros miniados, las obras de Zurbarán o la propia talla de la virgen negra.

Pero tiene Guadalupe hermoso, como canta la jota, mucho más que el monasterio, pues la misma puebla es un conjunto histórico de pintorescas callejuelas, con sus casas tradicionales de dos plantas sobre viguería de castaño que vuelan sobre la calle creando soportales originalmente ideados para mostrar, y proteger a la vez, la actividad comercial vinculada a la peregrinación. Y aún más, otros elementos patrimoniales como la famosa ermita del Humilladero, donde peregrinos como el propio Cervantes hincaron la rodilla al observar desde lo alto por primera vez la mole del conjunto monástico. O los conjuntos rurales de las granjas de Mirabel y Valdefuentes, en realidad palacios a escasos kilómetros de la localidad que a pesar de ser bienes de interés cultural no pueden visitarse por estar en manos privadas.

→ El castillo de Cabañas… del Castillo

Cabañas del Castillo tiene, cómo no, un castillo. O al menos quedan en pie partes del mismo y merece tanto la pena hacer el esfuerzo de subir por su senda empinada que no podemos dejar de recomendarlo; es probablemente junto al pico Villuercas el otero más espectacular de todo el geoparque, tanto para observar su abrupta orografía como para disfrutar de las numerosas aves que habitan los cantiles que lo rodean.

→ Verracos y la Marca Media

En el límite nororiental del geoparque nos encontramos con otras alhajas: la localidad de Villar del Pedroso -cuya magnífica iglesia también merece por cierto atención- y buena parte de la Jara fue patria de los vetones, un conjunto de pueblos de origen celta que habitó el norte de Cáceres desde la Edad del Hierro. Así lo demuestran los numerosos verracos de piedra que han aparecido en la zona; algunos de ellos, como el “Toro Mocho”, pueden verse integrados en el mobiliario público villaro. También hay otro en la localidad de Valdelacasa de Tajo y recientemente se han encontrado dos más que no se conocían.

Asimismo fue relevante aquí el periodo andalusí, pues la zona era parte del sistema defensivo destinado a frenar los avances cristianos sobre la Marca Media sarracena al sur del Tajo: atalayas y fortalezas que a lo largo del río servían de refugio a la población a la vez que daban cobertura a las razias musulmanas en suelo cristiano; la de Castros era una de ellas, entre el río Tajo y el desfiladero del Pedroso, un lugar poco accesible pero de espectacular belleza.

  AZUL PIEDRA - GEOPARQUE VILLUERCAS IBORES JARA
 
COLECCIONABLE AZUL PIEDRA
 

CASTILLOS GEOLÓGICOS. Por Eduardo Rebollada

Monfragüe representa el equilibrio entre los reinos animal, vegetal y mineral.

→ El equilibrio bio-geo ha sido especial en Monfragüe

Decían antaño nuestros maestros que aquella naturaleza, la Naturaleza, se dividía en tres reinos: animal, vegetal y mineral. Aunque hoy en día esa primitiva clasificación ha sido superada, se puede afirmar con razón que la reserva de la biosfera de Monfragüe lo es también de la geosfera, pues sobre sus riscos, montes, valles, llanuras y ríos, conviven armoniosamente vegetación y fauna.

Salto del Gitano

La armonía es aparente a los ojos no habituados, pero lo cierto es que la interacción material y energética entre lo geológico y lo biológico es constante, gracias también en gran medida a la atmósfera y la hidrosfera. Rocas, células, aire, agua y fuego conviven en transformación y evolución constantes, pero dentro de unos márgenes limitantes, que sólo poderosas fuerzas pueden desequilibrar.

Monfragüe representa el equilibrio entre los reinos animal, vegetal y mineral. Si la geología hubiera destacado sobre la biología, otros suelos habría, otros paisajes admiraríamos, quizá en apariencia más diversos, pero en el fondo más pobres. Mientras tanto los farallones cuarcíticos parecen demostrarnos la soberbia geológica de estos ásperos montes.

→ Aquellos y estos geólogos

Los geólogos que hace 60 años se dedicaban al estudio de las rocas más antiguas del continente europeo, descubrieron que en la península ibérica tenían representadas todas las rocas precámbricas y paleozoicas, que aportan las claves de la evolución del paisaje europeo.

Investigadores de universidades europeas recorrieron nuestra tierra tomando muestras de rocas, buscando fósiles y minerales, cartografiando la geología de lugares, a veces muy apartados, en los que nunca o muy pocas veces se había visto un naturalista o un geólogo.

Eran otros tiempos. La ciencia geológica moderna avanzaba velozmente hacia el conocimiento gracias a las nuevas técnicas de investigación, definiéndose modelos geológicos que permitirían explicar tanto los tipos de roca como su disposición geométrica.

Estratos de calizas del Cámbrico (Casas de Miravete), sobre las que es común un tipo de modelado denominado kárstico, debido a la disolución de los carbonatos por el agua de lluvia cargada de dióxido de carbono.

Contemporáneamente, las ciencias geológicas se han expandido hacia cada una de sus especialidades (sedimentología, tectónica, paleontología, petrología, mineralogía...), verdaderas ciencias en sí mismas. El conocimiento que hoy en día se tiene de la corteza terrestre es muy superior al de hace medio siglo, aunque aún sea insuficiente.

“Resulta especialmente destacable el trabajo de aquellos primeros geólogos que con frío o calor, lluvia o nieve, pasaban meses en recónditos pueblitos extremeños, para dar un paso más al frente y permitir a la sociedad un mayor y mejor saber geológico”

→ Ecosistemas fosilizados

El elenco de rocas que encontramos en Monfragüe no es demasiado numeroso. Sin embargo, sus edades son muy diferentes: desde los escasos cientos de miles de años de los sedimentos cuaternarios hasta el medio centenar de millones de años de las pizarras del Proterozoico, la horquilla temporal es, lógicamente, amplia. Así, tenemos lutitas, calizas, areniscas, cuarcitas y pizarras, representativas de ambientes sedimentarios de las diferentes épocas geológicas que del Paleozoico inferior se han conservado en la reserva.

Estas rocas son retazos de lo que fueron verdaderos ecosistemas marinos. Rocas, en muchos casos, que parecen tener el secreto de la eterna juventud, donde el tiempo se detuvo petrificando un momento geológico, que llegaría a su plenitud cuando hace 300 millones de años dos enormes fragmentos de corteza terrestre chocaron, lenta, pero irreversiblemente, hasta elevar y colocar a su antojo una cantidad inconmensurable de toneladas de rocas, quedando como soberbias rampas amplificadas más aún por la potencia de los ríos que han querido y podido erosionarlas.

“Cual arrecife de coral, los nuevos ecosistemas mediterráneos, fluviales y rupícolas se asientan en antiquísimos ecosistemas de arenas y limos marinos, entonces llenos de vida, hoy soportes de vida”

→ Un paseo a través del tiempo

Andar por los senderos de la reserva permite avanzar hacia adelante y hacia atrás en el tiempo geológico. Empezamos por los llanos pizarrosos del Proterozoico, antaño sedimentos de mares profundos, incluso abisales, llegando hasta las rocas cámbricas, de una época en que todo era un mar somero y litoral, con los primeros retazos de vida. Luego subimos por una empinada cuesta, hasta encaramarnos a lo que en otras eras geológicas fueron playas arenosas inmensas, hoy reconvertidas en las conocidas cuarcitas, emblema rocoso del paisaje apalachiense, propio y característico de las estribaciones extremeñas de los Montes de Toledo. Y podemos volver a bajar, por ejemplo, por un sendero pedregoso, bajo el cual corre el agua de lluvia infiltrada, entre areniscas y pizarras, fácilmente erosionables, que hace millones de años formaron parte de un talud submarino. Finalmente, valle abajo observamos un suelo mullido y húmedo, sobre arenales fluviales depositados por el Tiétar o el Tajo.

“Unas 200 especies de vertebrados diferentes viven en Monfragüe de forma permanente”

Pero en lugares como nuestro único parque nacional contamos con otras muchas confluencias de la vivacidad con ella misma para lograr la prodigiosa continuidad.

Porque un paisaje vivo sobre todo es suma de teselas palpitantes. Pero si además estas porciones del gran mosaico son de agua y roca, de pradera y dehesa, de maraña montuna y baldío, de charca y unos pocos edificios entonces tenemos asegurada la otra gran categoría de la vivacidad: la multiplicación. Podemos ir más lejos porque Monfragüe aporta uno de los más destacados ejemplos de la múltiple multiplicidad de la vida, algo que siempre fue y es su propósito pero que ya solo es posible confirmarlo y disfrutarlo en lugares como este corazón de Extremadura.

Sin darnos cuenta viajamos más de 500 millones de años virtuales junto con los continentes que desde entonces han ido, cual balsas, chocando unos con otros, creando nuevas rocas y destruyendo otras, en un ciclo litológico que aún perdura, pero que los seres humanos por lo general somos incapaces de apreciar.

“El tiempo geológico, tiempo profundo en sí mismo, permite comprender la dimensión física del universo, de nuestra galaxia, de nuestro planeta y de nosotros mismos”

→ Europa y África

El continente africano sigue admirando a Europa y esta se deja querer permitiendo desde hace millones de años el abrazo pétreo: rocas que se elevan por la presión de las placas tectónicas africana y europea. Después el agua de lluvia, el viento y el hielo rematan la faena, configurando un paisaje más vertical aún, solo amansado por el verdor de los bosques.

Dentro de unos cuantos millones de años probablemente el empuje de África originará una nueva cordillera “ibero-africana”. Pero mientras tanto, a nuestros ojos, insensibles al tiempo geológico, Monfragüe seguirá siendo un conjunto de sierras y valles empinados y paralelos, sobre los que las aguas ahora embalsadas se aquietan después de miles de milenios de continua erosión fluvial.

No es la primera vez que ocurre. A finales de la era paleozoica, la protopenínsula ibérica fue una cordillera. Y muchos millones de años antes hubo otra cordillera aún mayor, de la que apenas quedan vestigios. Existe una repetición cíclica de los fenómenos geotectónicos, que si bien no afectan por igual a todos los continentes del planeta Tierra, sí pueden considerarse episodios redundantes.

Una de las pruebas de esos choques de escala descomunal y poco inteligible para los humanos es la existencia de pliegues. Monfragüe presenta uno de los plegamientos mejor conocidos, denominado sinclinal de Cañaveral o de Monfragüe, que por un lado impele las rocas hacia los cielos, para que sus aves majestuosas se lancen al vacío desde sus plataformas, y por otro las hunde en el terreno, agrietadas, formando acuíferos en algunos casos. La meteorología se contrapone a la tectónica e intenta apaciguar el paisaje, buscando un equilibrio que nunca llega debido a la inacabable dinámica terrestre.

“Nunca separadas, no siempre unidas, el futuro de Europa y África está escrito en Monfragüe”

→ De aquellos lugares estos barros y estas rocas

Las rocas son un conjunto de sedimentos litificados (petrificados). Lo que fueron antes lechos marinos, profundos o someros, de aguas agitadas o tranquilas, llenas o carentes de vida, son las rocas que definen el grueso del paisaje de Monfragüe. Sobre esos trazos toscos la naturaleza ha dibujado el verde de las hojas y, con mucho más detalle, el multicolor de la fauna.

Habitualmente relictas de ambientes de un pasado muy lejano, las rocas sedimentarias no dejan de ser, por tanto, ecosistemas fosilizados, que nos llegan a nosotros tras millones de años de vicisitudes, una vez se han salvado del implacable ciclo geológico, que les ha otorgado unos cuantos millones de años más de vida.

En la reserva de la biosfera de Monfragüe es común ver los fangos que se depositaron lentamente o en oleadas en el fondo de los mares precámbricos, hace unos 600 millones de años, conjunto de rocas que los geólogos denominan Alogrupo Domo-Extremeño. Sobre ellas se encuentran las rocas del denominado Grupo Ibor, un conjunto variado de fangos carbonatados y otros sedimentos arenosos finos, que dan lugar a calizas, pizarras y areniscas, respectivamente. Sobre el Grupo Ibor son fácilmente reconocibles las arenas de los mares ordovícicos, convertidas en cuarcitas. En estas rocas, típicas de los paisajes no sólo de Monfragüe sino de toda Extremadura, puede verse el fenómeno conocido como bioturbación, en concreto las huellas impresas dejadas por los organismos que nadaron, reptaron, se cobijaron y alimentaron, como es el caso de trilobites –formadores de cruzianas– y gusanos arenícolas – formadores de daedalus y skolitos–, entre otros.

Raña del Frontal (Jaraicejo)

En periodos geológicos mucho más recientes se depositaron sedimentos continentales, no marinos. Se trata de las denominadas rañas, un conjunto de materiales heterogéneos, donde pueden diferenciarse cantos rodados dentro en una matriz arcillosa, que adquiere una tonalidad rojiza y forma mesetas alrededor de algunas sierras del centro de Extremadura.

“Las rocas sedimentarias no dejan de ser, por tanto, ecosistemas fosilizados”

→ La vida fósil

Si las rocas sedimentarias tienen un origen marino, los seres vivos que pueden haber quedado fosilizados dentro de ellas lógicamente pertenecían a grupos o taxones de hábitos marinos, bien como nadadores habituales o esporádicos, bien como simples reptadores o excavadores de los sedimentos del fondo del mar.

A pesar de la dificultad intrínseca que ofrece el hecho de la fosilización, para el cual son necesarias una serie concatenada y relativamente compleja de procesos, en la reserva de la biosfera de Monfragüe excepcionalmente es posible encontrar restos fosilizados de trilobites, crinoides y graptolitos. Al contrario, existen otros taxones de difícil fosilización, como ocurre con los anélidos, debido a que sus cuerpos carecen de esqueleto que pueda mineralizar.

Pero además de las huellas fósiles (también llamadas icnofósiles) dejadas por los organismos que habitaron durante el Precámbrico (Neoproterozoico) y el Paleozoico inferior y medio, como cruzianas, skolitos y otros, es posible observar en la reserva de la biosfera de Monfragüe estructuras sedimentarias, como ripples de corriente –las marcas que dejan las corrientes de agua sobre la superficie del sedimento–, otras estructuras indicativas de tormentas y tempestades, y estructuras diagenéticas, especialmente marcas de carga.

“En la reserva de la biosfera de Monfragüe excepcionalmente es posible encontrar restos fosilizados de trilobites, crinoides y graptolitos”

→ La esencia minera

Los minerales constituyen los componentes básicos de las rocas. Su función no es sólo física, como soporte estructural litológico, sino también como recurso químico. Sus usos variarán en función de muchos aspectos, aunque ello no quiere decir que se puedan utilizar de cualquier manera o para cualquier cosa.

Los minerales son esenciales para la vida y la sociedad, integrando cualquier proceso productivo, natural o no, es decir, formando parte tanto de nosotros mismos y de la naturaleza a la que pertenecemos como de los objetos y herramientas que utilizamos, imprescindibles para nuestra economía.

Pedrera (sierra de Monfragüe, Torrejón el Rubio)

La reserva de la biosfera de Monfragüe incorpora en sus rocas varios minerales, entre los que destacan los silicatos, formados por átomos de silicio y oxígeno, que al combinarse de manera diferente, permiten la existencia de numerosísimas especies minerales, entre las que destacan por su abundancia el cuarzo, los feldespatos, las micas o los minerales arcillosos.

Pero para que estos minerales sean económicamente rentables y puedan ser aprovechados industrialmente, se precisan unas condiciones específicas de aparición, entre las que se encuentran su grado de pureza y su cantidad, formando verdaderos yacimientos. Así, en Monfragüe existen yacimientos de minerales arcillosos, como la atapulgita, que se explota en Torrejón el Rubio. Pero también hay otros indicios y yacimientos minerales a lo largo y ancho de la reserva, como el grafito en las pizarras ampelíticas silúricas de Villarreal de San Carlos, la andalucita en las pizarras precámbricas de Casas de Millán, la galena y la blenda de la mina la Norteña, en Higuera de Albalat.

“Los minerales son esenciales para la vida y la sociedad”

→ Monfragüe y la evolución del clima

Resulta difícil imaginar Monfragüe sin cañones rocosos, sin esa geomorfología que tanto lo caracteriza, donde queda patente la fortaleza y el cimiento de la gea para la vida.

La calidad de sus ambientes naturales permite observar un entorno tanto geológico como biológico, donde el ser humano no es protagonista. Sin embargo, aunque Monfragüe aparentemente no necesite a los humanos, en la actualidad los riesgos globales que se ciñen sobre muchos de los ecosistemas, tanto naturales como antrópicos, precisan de una actuación transparente y fundamental, como el aire que respiramos.

Las rocas que observamos en la reserva de la biosfera de Monfragüe permiten inferir que los climas han ido cambiando en gran medida a lo largo de la historia de la Tierra. De hecho, la mayor parte de las rocas sedimentarias marinas han sido generadas por variaciones importantes del nivel de los mares, fenómenos que eran causantes de modificaciones del balance erosión-sedimentación, tanto de la erosión de las áreas montañosas como de la sedimentación y aterramiento de las cuencas sedimentarias (valles fluviales, lagos y mares).

Pliegue disarmónico (Portilla del Tiétar, Toril)

La amenaza del cambio climático nos afecta a todos los seres del planeta directa o indirectamente. Cambios de la temperatura del aire y el agua, de los niveles del mar, del sentido, dirección, intensidad y alcance de las corrientes oceánicas, y de los ecosistemas y las especies vegetales y animales, etc., que no son sino concreciones de cambios mayores de los ciclos del agua y los nutrientes, que influyen en otros procesos que sí nos afectan muy directamente, como son los agrícolas y ganaderos, además de los de mayor escala, sociales y económicos.

Resolver los problemas del presente que se avecina requiere suficiente capacidad de perspectiva para echar la mirada atrás, muy atrás en el tiempo, como se puede hacer fácilmente en Monfragüe, para ver que los fenómenos naturales, que vemos hoy como amenazas, son los mismos que en el pasado geológico transformaron en alto grado el paisaje y la vida. Tomemos nota de ello.

 

Canchos de Ramiro: nunca es tan bueno como la primera vez

Los canchos de Ramiro son de esos cada vez más escasos lugares que por algún motivo permanecen siempre ocultos al gran público, puede que porque para ir haya que ir específicamente, es decir, que no se pasa por allí por casualidad, o puede que sea porque se sitúa en una de las zonas menos pobladas de la provincia de Cáceres, no ya solo por la tan traída España vaciada, sino porque en realidad son pocos los municipios en este sector occidental de la provincia de Cáceres, muy cerca ya de la frontera portuguesa: baste decir como apunte ilustrativo que Cachorrilla, la localidad desde donde se accede a este maravilloso lugar, cuenta con ochentaisiete habitantes; o que por ejemplo, desde su pueblo más cercano al sur, Ceclavín, hasta su igual al norte, Cilleros, hay treintaitrés kilómetros lineales sin población, ni casi construcción, alguna.   

Sea como fuere, los canchos de Ramiro mantienen esa cierta magia de la terra incognita, a la que es difícil sustraerse incluso yendo repetidas veces. Las impresionantes dehesas que lo circundan, lo recoleto -hasta en el nombre- de Cahorrilla, su localidad de referencia, y la feroz estampa que dibujan recortados sobre el cielo al aproximarse hacia ellos impiden la indiferencia por muchas veces que se visiten; y si es la primera vez aún más, pues tal y como salmodiaba Sade mientras su cantante trotaba en un caballo negro por el Rocío y unos paisanos jugaban al tute, “never as good as the first time”. Y no es que el lugar haya pasado desapercibido a los vientos del conservacionismo, por supuesto que no, pues está incluido en la zona de especial protección para las aves (ZEPA) Canchos de Ramiro y Ladronera, y lo que sorprendentemente es menos conocido, su orilla norte, en la cara de poniente del gran farallón, es territorio de la reserva de la biosfera de Tajo Internacional, lo que ya de por sí debería bastar para su promoción y crédito.

Pero, para entender mejor el lugar describámoslo someramente desde el punto de vista geomorfológico: los canchos de Ramiro son un imponente desfiladero fluvial provocado por el encajonamiento del río Alagón, que aprovecha una fractura en la dura roca al ver aumentado poderosamente su caudal en este punto con las aportaciones del río Árrago y el arroyo de la Hueca. Forman parte del afloramiento de cuarcita armoricana en el flanco del sinclinal de la sierra de la Garrapata, cuyos materiales paleozoicos se depositaron en una plataforma continental, en secuencias alternantes de arenas y arcillas debido a las subidas y bajadas del nivel del mar durante el Ordovícico y el Silúrico, hace por lo tanto entre 488 y 415 millones de años. Tras convertirse en rocas compactadas por un extenso proceso de litificación -en cuarcitas las arenas y en lutitas las arcillas- se plegaron durante la orogenia hercínica en el Carbonífero inferior, hace unos 350 millones de años, generándose su estructura sinclinal. Desde finales del Paleozoico hasta la actualidad, ya en ambiente continental (sin mar, vaya) otros movimientos orogénicos y la intensa erosión fueron suavizado el relieve afectando de forma desigual a las diferentes rocas según su resistencia; como las cuarcitas son las más duras acabaron por conformar los mayores resaltes de estas sierras.

Estos verticales relieves no solo son espectaculares sino que se trata de auténticas “rocas vivientes”, pues además de numerosas evidencias fósiles y una asombrosa agrupación de líquenes entre los que destacan los intensos tonos amarillos de Acarospora hilaris, albergan algunas de las comunidades fáunicas o botánicas más diversas y singulares de Europa, caracterizadas por la abrumadora presencia de grandes rapaces y excelentes muestras de bosque y matorral mediterráneo. Como recrea la lámina de nuestro ilustrador, el lugar idóneo para la nidificación de aves rupícolas, muchas de ellas residentes como su enorme colonia de buitre leonado (Gyps fulvus) (1) con más de 100 parejas, búho real (Bubo bubo) (2), águila real (Aquila chrysaetos) (3), colirrojo tizón (Phoenicuros ochruros) (4), chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax) (5), halcón peregrino (Falco peregrinus) (6), collalba negra (Oenanthe leucura) (7), cernícalo vulgar (Falco tinnunculus) (8) o águila perdicera (Aquila fasciata) (9) y otras especies estivales como el escasísimo vencejo cafre (Apus caffer) (10), alimoche (Neophron percnopterus) (11) o cigüeña negra (Ciconia nigra) (12).

Así pues, si alguien quiere encontrarse a sí mismo y con la naturaleza más ubérrima, los canchos de Ramiro son una opción inmejorable; especialmente si no lo conoce, pues ya se sabe que nunca es tan bueno como la primera vez.

LECCIONES DE VIVACIDAD. Por Joaquín Araújo

Monfragüe aporta uno de los más destacados ejemplos de la múltiple multiplicidad de la vida, algo que siempre fue y es su propósito pero que ya solo es posible confirmarlo y disfrutarlo en lugares como este corazón de Extremadura.

→ Hemos protegido nuestro corazón

Tenemos la porción más vivaz del Viejo Mundo. Extremadura cuenta, en efecto, con el patrimonio natural más completo y complejo de la región más agotada del planeta. Tiene, pues, la condición de oasis. A lo que cabe sumar que, cuando algo así coincide con la suficiente apreciación por parte de los nativos es que tenemos mucho y bueno que ofrecer. Y ofrecemos lo mejor que nos queda de la historia de la vida y de nosotros mismos.

https://www.laruinagrafica.com/sites/default/files/01_dehesa.jpgDehesa en la Reserva de la biosfera de Monfragüe

Explico. Si empezamos por lo directamente relacionado con lo humano considero la hospitalidad como máxima expresión directa y concreta de la ética. Pues bien, esa es la primera seña de identidad del extremeño, al menos del que no ha sido abducido por las urgencias desarrollistas que tanto mandan. Con todo, la mayoría, no silenciosa sino acallada, sabemos, compartir nuestra vida con las de otros. Algo que ya, insisto, resulta tan escaso como valioso.

Con relación a lo demás, es decir nuestros paisajes, conviene tener presente que son nuestra primera riqueza por resultar invariablemente el cimiento de todo lo que somos, sabemos y hacemos. Pero cuando alguien hospitalario no solo acoge a los iguales sino también a los diferentes, quiero decir al resto de los seres vivos, sin duda estamos ante una de las más consoladoras excepciones en este momento histórico que nos toca transitar. Porque aquí se entiende el real significado de la casa común. La pertenencia a algo muy anterior a nosotros mismos y que sigue aceptándonos, por no decir consintiéndonos. Consintiéndonos todo, incluso lo que destruye esto de lo que formamos parte.

Pero si ponemos el foco en la reserva de la biosfera de Monfragüe lo que encontramos es una superlativa multiplicación de lo mencionado. Es la vida concentrada en donde mucho vivo lo rodea todo por todas partes.

Cultivos de Tabaco (Toril)

Frente a tanto paisaje herido nos queda el corazón palpitante de todo el poniente ibérico que además actúa como banco de sangre para las necesarias transfusiones de vivacidad que cada día necesitan más otras comarcas, otros países.

“Aquí todavía se puede poner a todos nuestros sentidos a tener su mejor sentido, que no es otro que la contemplación de la capacidad creativa de la vida. Es solo un primer paso que puede desembocar en que aflore en nosotros el sentimiento de la Natura.”

Recordemos que las leyes que amparan porciones de nuestra naturaleza suponen una declaración de paz, un cese de hostilidades que beneficia sobre todo al que las declaró. Porque por mucho que se nos quiera olvidar las formas de usar el mundo de nuestra actual civilización son especialmente violentas. Demasiados se amparan en la hipocresía de considerar que todo está justificado en nombre de un denominado derecho universal de apropiación de todo cuanto contienen los horizontes. Cabe hacer una comparación. De la misma forma que abonar la tierra con materia orgánica equivale a acariciarla dándole el mejor alimento, frente a la agresión que supone usar exclusivamente productos de la industria química, el que dejemos a ciertos paisajes vivos el que sigan estándolo es una suerte de fertilización, pero no solo de ese entorno concreto sino de la sociedad en su conjunto. Del resto de los paisajes también.

Espacios naturales protegidos como Monfragüe cumplen al menos un centenar de funciones, todas ellas importantes, pero la que menos es tenida en cuenta es de carácter emocional. Aquí todavía se puede poner a todos nuestros sentidos a tener su mejor sentido, que no es otro que la contemplación de la capacidad creativa de la vida. Es solo un primer paso que puede desembocar en que aflore en nosotros el sentimiento de la Natura.

El Robledo (Malpartida de Plasencia)

Algo que invariablemente comienza con la admiración por lo visto. Continúa con la búsqueda de más elementos vivos con los que saciar el apetito que nuestras bellezas en libertad despiertan incluso en los poco, o nada, aficionados. Pero como estamos ante un gran escenario con actores de indudable destreza enseguida nos puede asistir algo de fantasía. Pensemos en que así era la mayor parte de nuestro ámbito mediterráneo hace muy pocos siglos. Me refiero a la evidente vocación que tienen de convertirse en lugares para contemplación de lo más importante que sucede en este planeta. Una función que como ya escribí en su día, para un monográfico sobre este parque, nos permite: Viajar desde la luz a la completa oscuridad.

Desde el sol a la tierra oscura en la que hurgan las raíces. Desde las propuestas del horizonte hasta los callos, que en las manos de los ya raros trabajadores del paisaje, explican tantas cosas. Desde la armonía velera de esas siluetas que cuajan en el aire de estas serranías al chapoteo de la rana en la charca. Desde la melodía del avecilla frondosa hasta el misterio no menos musical de nuestras orquídeas.

Monfragüe está, por supuesto, en el lado transparente de la realidad y, en consecuencia, todavía nos permite mirar a través de sus comunidades vivientes para iniciar esa comprensión pendiente que nos rescatará de nuestro destino de verdugos, para convertirnos en fundadores.

→ Elegancias

Contemplar es vestir al paisaje con nuestras miradas que si son lo suficientemente generosas se convertirán en un principio de complicidad de cara a que no sigan siendo desnudados. Pero con lo que se encuentra nuestra capacidad visual es con los infinitos trajes que la Natura ha colocado sobre la piel del mundo. Por lo que cabe aceptar, desde un primer momento, que es pura elegancia lo que nos obsequia Monfragüe. Para empezar el conjunto es discreto, no destacan altiveces. Incluso el puñado de hirsutas anomalías que suponen los peñones, boquerones, canchos no hacen más que engalanar más aún el derredor. Y convocan a más miradas todavía. Sierras sí, pero como serenamente acurrucadas en ellas mismas. Oleaje moderado de elevaciones que no pretenden llegar lejos sino al mejor lugar, a lo adecuado. Así las formas. Con relación a los colores recordemos que aquí el verde despliega una incontenible gama de sus propias tonalidades. Pero bajo su manto se esconde lo mejor.

La Portilla y sierra de Peñafalcón (Serradilla)

En todos los bosques, en efecto, se combate a la muerte poniendo al menos tanta vida nueva como vieja se fue para siempre. Sobre ellos y por ellos aletean hasta 250 especies de aves. Trepan, triscan, reptan y excavan numerosos reptiles. En las aguas de esta reserva bucean no menos peces y anfibios, con alguna compañía de aves y mamíferos. Unas 200 especies de vertebrados diferentes viven en Monfragüe de forma permanente, y otros muchos pasan durante las migraciones. Se supone desaparecido al lince ibérico, pero estamos seguros de que reaparecerá, de forma natural o mediante la deseable reintroducción.

Lo acaso más relevante es que estamos también en el casino de los más escasos, en el lugar de encuentro de las especies más amenazadas que casi invariablemente llevan puesta la condición de espectaculares.

“Unas 200 especies de vertebrados diferentes viven en Monfragüe de forma permanente”

Pero en lugares como nuestro único parque nacional contamos con otras muchas confluencias de la vivacidad con ella misma para lograr la prodigiosa continuidad.

Tumba de la Princesa (Malpartida de Plasencia)

Porque un paisaje vivo sobre todo es suma de teselas palpitantes. Pero si además estas porciones del gran mosaico son de agua y roca, de pradera y dehesa, de maraña montuna y baldío, de charca y unos pocos edificios entonces tenemos asegurada la otra gran categoría de la vivacidad: la multiplicación. Podemos ir más lejos porque Monfragüe aporta uno de los más destacados ejemplos de la múltiple multiplicidad de la vida, algo que siempre fue y es su propósito pero que ya solo es posible confirmarlo y disfrutarlo en lugares como este corazón de Extremadura.

Disfrutas con la pasión que destilan los perdederos de esta comarca. Si eres capaz de silenciarte y ocultarte, escucharás los latidos del derredor. Intuirás, sobre todo, la pasión por hacer menos mortal a la muerte. Por el intento, de momento suficientemente logrado, de que la extinción quede superada y alejada. Poco, o nada, tiene más distinción, o si se quiere elegancia, como mantiene el título de este subcapítulo, que estos tenaces empeños que Monfragüe emprende para vivificarlo todo.

→ De un desastre evitado a una vivaz convivencia

Conviene no olvidar que esta plaza mayor de la vida fue rescatada in extremis del potro de tortura que para todo paisaje supone una masiva sustitución forestal. Las alarmas dadas por Jesús Garzón en 1970/71 fueron secundadas por un notable reclutamiento de voluntarios y de fondos. Con todo y todos ellos se pudo frenar lo que pronto se demostró como del todo aberrante. Para no caer en futuras tentaciones se consiguió la declaración de parque natural en 1979, de reserva de la biosfera en el 2003 y parque nacional en el 2007. Sin olvidar otras dos amables confluencias pues aquí también gozamos de la consideración de ZEPA, zona de especial protección para las aves y de LIC, lugar de importancia comunitaria. En suma que tras el riesgo de perder la primera seña de identidad de Extremadura se produjo esta crecida sensatez legislativa que, como círculos concéntricos, fueron mejorando la calidad y la cantidad de la protección.

Pesca deportiva en Arrocampo (Saucedilla)

Protección no solo del paisaje más vivaz y característico sino también de lo que desde 1971 supone la principal caricia que los humanos damos a los entornos que nos sustentan. Esa es la fecha de la puesta en marcha del programa Hombre y Biosfera de la UNESCO. Un hito, sin duda, ya que fue el de partida para la creación de una tupida red de reservas que hoy nos hacen compatibles con todos los procesos naturales en 669 destacados enclaves de todo el planeta. España lidera ese listado pues cuenta con 47 reservas de la biosfera que suponen el 11% del territorio nacional.

Monfragüe es una de las más relevantes desde el momento en que aquí conviven vecinos de 14 municipios con la mayor concentración de vida salvaje del continente. Por si eso fuera poco son algo más de 300.000 las visitas que la reserva recibe. Afluencia que conforma el núcleo duro del turismo de Natura que se lleva a cabo en Extremadura. La celebración en el centro de la zona protegida, concretamente en Villareal de San Carlos, de la FIO feria internacional de turismo ornitológico, consolidada ya con 13 ediciones, no deja de ser un indicador de los destinos paralelos entre la protección y los beneficios que de la misma pueden y deben llegar a los habitantes de las reservas.

Queda así demostrada una de las propuestas que más necesitamos generalizar. Me refiero a que la verdadera vocación de los paisajes es acoger. Si la residencia de los humanos y sus quehaceres no daña a la de los otros seres vivos lo que se pone en marcha es precisamente lo que el programa hombre y biosfera busca. La inclusión de todas las tradicionales actividades del sector primario en el seno de las tramas, ciclos y procesos espontáneos supone una triple coherencia. La primera es la mencionada de acariciar en lugar de torturar al derredor con lo que, entre otras cosas mejora el bienestar sicológico de los residentes y visitantes. No conviene olvidar que el paisaje puede serenarnos o enervarnos. Las dehesas, sin duda el mejor logro de la historia ya que es el ámbito donde la cultura y la natura consiguen empatar, resultan un inmejorable ejemplo de lo afirmado. Los sicólogos detectan que este paisaje, tan humanizado como natural, produce sosiego en quienes lo contemplan y lo viven. Todo ello permitiendo además la obtención de algunos de los mejores productos alimentarios del mundo mediterráneo. La lucidez de una vivaz convivencia.

Rebaños trashumantes en la dehesa (Serrejón)
 

Las dehesas, sin duda el mejor logro de la historia ya que es el ámbito donde la cultura y la natura consiguen empatar. |LS|...|RS| La lucidez de una vivaz convivencia.

Que es el segundo propósito de las reservas, es decir el de conseguir que todos los productos locales, esencialmente los que comemos, sean de mucha mayor calidad para nuestros cuerpos y para el resto de la comunidad natural. Algo que invariablemente redunda en las siempre escasas rentas agrarias y ganaderas tradicionales. Pero, cuando se procede como en la reserva de la biosfera de Monfragüe, se consigue, en tercer lugar, el más bello de los propósitos que no es otro que el de no esterilizar el porvenir. Se trata de que esas mismas encinas y alcornoques, esos canchos y buitres, esos ganados y cultivares, que ahora vemos y disfrutamos, sigan dando sentido a la vida a través de su primera vocación y destreza: su propia continuidad. Poco, o nada, más solidario y sensato que conservar el futuro.

→ Ser los mejores

Para culminar algo de sana vanidad. Porque demasiadas veces hay carcomas royendo la autoestima de los extremeños. Desde las cloacas del entendimiento emergió considerar riqueza solo a lo que podía ser expresado en números y en cantidad de mercancía. Pero el verdadero capital, como todavía dicen algunos de los que trabajan con sus manos, es la Ttierra (sic) de la que emergen todos los futuros. Tener lo que ya casi nadie tiene, no haber perdido lo que tenemos por el ansia de lo que no tenemos, y que casi siempre resulta prescindible, es el motivo más que suficiente para presumir.

Equipamientos en el castillo de Mirabel (Mirabel)

Quiero culminar esta aproximación a Monfragüe -restaurador de miradas y emociones, maestro de verdadera economía, amistoso para los que todavía no han nacido- con algunas consideraciones que he intentado transmitir. Llevo casi cincuenta años intentando, por todos los canales de la comunicación a propios y extraños, locales y extranjeros transmitir lo que el paisaje vivo transmite. Puedo jurar que lugares como esta reserva son uno de las mejores fuentes de información transparente con la que podemos contar. Porque este espacio nos está mejorando por la sencilla razón de que contiene mucha belleza en libertad. Supone encuentros con todos los elementos, procesos y ciclos básicos para la continuidad de la vida. En consecuencia rescatan, mantienen y multiplican la principal destreza de la Vvida (sic). Vengan a comprobarlo. Paladeen la autenticidad. Háganlo con discreción y respeto, es decir usen de la mejor forma posible estos paisajes todavía vivos. No es difícil, consiste en disfrutarlos sin impedir el disfrute de ninguno de sus residentes habituales. Poco, o nada, resulta más digno que dejarlo todo como estaba. Nadie añade una pincelada a un cuadro de Goya, ni mucho menos lo rasca para dejar una cicatriz en el lienzo. Así hay que proceder con las reservas de la biosfera.

Por si todo eso fuera poco suponen la mejor dieta visual para tanto ojo cansado como se extravía por la vieja Europa. Y si, finalmente, aceptamos, como mantuvieron Platón, Goethe o Pessoa, que somos lo que miramos, vengan a Monfragüe para ser los mejores.

 

AZUL PIEDRA · CAMPO ARAÑUELO

Campo Arañuelo y el agua van de la mano: un dolmen submarino, templos romanos reflotados, apóstoles de ultramar y desencadenados… Buceemos en su historia.

El agua es una constante en Campo Arañuelo -sobre su propio nombre se especula que derive de la palabra prerromana aran, valle- no ya solo porque la comarca esté contenida entre los ríos Tajo y Tiétar, y que gracias a esto se dedique en buena medida a la agricultura de regadío, sino que mucha de su historia y de su patrimonio están relacionados con el imprescindible líquido. Parece sin embargo que los cambios climáticos nos llevan irremediablemente a padecer ciclos de grandes sequías y por desgracia generalmente nada bueno sale de ellas; salvo el dolmen de Guadalperal, claro. Conocido también como el Stonehenge español, a pesar de que no es un crómlech como el inglés, fue descubierto por Hugo Obermaier en 1925 y excavado por él mismo durante dos años para obtener unos restos arqueológicos que acabaron en Berlín. Su origen se remonta a unos 5000 años de antigüedad y está compuesto por 140 ortostatos (piedras de gran tamaño) que forman el armazón de una cámara de cinco metros de diámetro, a la que se accedía por un corredor de veintiún metros de longitud. 
Pero desde el año 1963 este gran complejo megalítico permanecía bajo las aguas del embalse de Valdecañas, asomando tímidamente algunos años con escasa pluviometría, hasta que el verano de 2019 lo hizo por completo. Desgraciadamente estas fluctuaciones están degradando el monumento, especialmente los grabados en los ortostatos, y además generalmente impide visitarlo, por lo que cada vez más voces solicitan una actuación de recate, aunque esto supondría probablemente una pérdida irreversible del contexto histórico y arqueológico del conjunto; el debate está abierto.

 

→ ¿“Augustobriga”, por favor?

La presencia romana en Campo Arañuelo pudo estar relacionada con la importante calzada recogida en el itinerario de Antonino como Iter XXV (vía 25), también llamada Alio itinere ab Emerita Cesaraugusta, es decir, otro camino de Mérida a Zaragoza, una de cuyas mansiones era Augustobriga. Aunque lo cierto es que, aún hoy en día, no hay unanimidad sobre el verdadero trazado de esta vía, especialmente en el tramo entre Mérida y Toledo, ni en la ubicación exacta de las dos primeras mansiones ni de la mencionada, la tercera. En cualquier caso, en la comarca han aparecido monedas, algún miliario, molinos y restos de edificios como la villae del olivar del Centeno en el término de Millanes, cuyos bellos mosaicos están expuestos hoy en el museo arqueológico de Cáceres. 
Pero volviendo a Augustobriga -su toponimia se debe a Augusto, emperador romano, y a briga un sufijo que solía identificar poblaciones de origen celta-, de forma mayoritaria se ha identificado con Talavera la Vieja, hoy sumergida bajo las aguas del embalse de Valdecañas, basándose en la inscripción allí encontrada “Senatus Populusque Augustobrigensis”. Se trataba de una ciudad romana amurallada y defendida por el cauce del río Tajo, con un alto grado de romanización ya en el s. I, pues contaba con foro y otros espacios y edificios monumentales como templos; uno de ellos, conocido popularmente como los Mármoles (aunque está hecho de granito) y tres columnas de otro conocido como la Cilla, se conservan gracias a su cambio de ubicación antes de la inundación. Sea o no la auténtica Augustobriga, los templos están allí, junto al puente por el que cruza el Tajo la carretera EX-118, componiendo una de las estampas más bellas y reconocibles de la comarca.

 

→ Belvís de Monroy

Según parece, Sancho IV el Bravo entregó la cabeza de Belvís, con sus términos y dehesas, a Hernán Pérez, de Plasencia, hombre de su confianza y procurador en Cortes, para que la poblase con treinta vasallos y alzase en ella casa fuerte para defenderse de los "golfines", una hueste de bandidos que asolaron las tierras de Plasencia durante siglos alcanzando tal poder que acabaron por hacer noble su apellido. Esto ocurría el día 10 de enero de 1290 y desde entonces, esta pequeña localidad fue acumulando buena parte del patrimonio de la comarca: su iglesia de Santiago Apóstol, de estilo gótico mudéjar, está declarada bien de interés cultural con categoría de monumento. Y en su convento de San Francisco se formaron los primeros misioneros que evangelizarían América, conocidos como los Doce Apóstoles de Belvís, desde donde partían en 1523 hacia Méjico para ser recibidos por el mismísimo Hernán Cortés. Finalmente está su castillo, de cuya erección ya hemos hablado que se encargaron Hernán Pérez y sus descendientes, que tomarían el apellido Bote de una de las dehesas de Belvís. Desgraciadamente varias partes del mismo están derruidas tras el abandono en el que cayó después de las guerras de Sucesión y de Independencia. Pero lo que se conserva da una idea de la magnífica fortaleza que debió ser y aunque está en manos privadas -según parece las de una señora farmacéutica foránea que tenía antojo de un castillo- y no se puede acceder al interior, en conjunto con el resto de atractivos de Belvís componen una visita que merece mucho la pena.

 

→ Pedro desencadenado

San Pedro ad Vincula (en cadenas) conmemora la milagrosa liberación del santo narrada en los Hechos de los Apóstoles: Herodes Agripa, después de haber matado al apóstol Santiago, encarceló a Pedro para ofrecérselo al pueblo tras la Pascua, pero un ángel penetró en la celda fuertemente custodiada y lo desencadenó, guiándole después hacia su libertad. Pedro huyó a otro lugar y esta es la última vez que de él se sabe en la narración de Lucas, aunque la tradición dice que marchó a Roma. 
Pues bien, San Pedro ad Vincula es la advocación de la iglesia de Casatejada, reconocida como bien de interés cultural con categoría de monumento. Además de su magnífica fábrica, su interior tiene una curiosa historia: en 1822, tras los daños sufridos en el templo durante la Guerra de la Independencia, se compró un retablo mayor al monasterio de Yuste, aunque desconocemos en qué términos, pues lo cierto es que hubo que devolverlo en 1957. En compensación, el Estado entregó un lienzo que representa la antes descrita liberación del apóstol por un ángel, una obra tenebrista de gran calidad que la Administración atribuía a José de Ribera; lo cierto es que la obra -ahora haciendo funciones de altar mayor- se parece sorprendentemente al magnífico "San Pedro libertado por un ángel", del mismo autor, que hay en el Prado, aunque este último es apaisado y la anterior vertical.

 

  AZUL PIEDRA - CAMPO ARAÑUELO
 
COLECCIONABLE AZUL PIEDRA
 

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