Construyendo dólmenes

Hace entre cuatro y cinco mil años, en los periodos Neolítico y Calcolítico, buena parte del territorio de Extremadura -especialmente el hoy fronterizo con Portugal pero no solo este- estuvo ocupado por hombres y mujeres dedicados a labores agrícolas y ganaderas. Es en ese momento cuando se desarrolla el fenómeno megalítico, literalmente el fenómeno de las grandes piedras, que si aparecen de forma aislada se consideran menhires y si lo hacen formando conjuntos dan lugar a los monumentos más conocidos del mismo: los dólmenes.

Los dólmenes son construcciones de carácter funerario, cuyos ritos desconocemos, pero que en algunos aspectos se pueden deducir de la propia tipología de los monumentos. Los hay de pequeña cámara simple, que por su reducido tamaño debieron ser enterramientos individuales u osarios, en los que el depósito debía realizarse por la parte superior. También es el caso de algunos dólmenes con corredor reducido, mientras que en los de corredor más largo los difuntos debían introducirse por el mismo. Un elemento común a todos los depósitos es que junto a los cuerpos o sobre los mismos se disponían ajuares compuestos por armas y herramientas como flechas, hachas o cuchillos; collares, ídolos y elementos rituales o vasijas.

En realidad el fenómeno megalítico tiene un carácter atlántico, floreciendo principalmente en territorios del oeste y sur de las islas británicas, lo mismo que en Francia y la península ibérica; aunque también en Bélgica, Países Bajos, Alemania, Dinamarca o Suecia. En Portugal y en algunas zonas españolas los dólmenes son conocidos como “antas”, probablemente del latín antae, que significaba menhir, y por derivación, pilastras que en lo antiguo se levantaban en los costados de las puertas de los templos.

Menhir del Cabezo (Alcántara)
 

En Extremadura son numerosos los elementos de este tipo que encontramos, bien aislados o formando conjuntos, destacando entre estos últimos el de Valencia de Alcántara, uno de los más relevantes de Europa: 41 dólmenes han llegado hasta nosotros en este municipio, 33 de granito y 8 de pizarra, estimándose que han desaparecido al menos 14. En 1992 fueron declarados bien cultural con categoría de zona arqueológica y son en su conjunto los que presentan mejor estado de conservación de toda Extremadura, gracias a la restauración que llevó a cabo la arqueóloga Primitiva Bueno Ramírez y al hecho de que la mayoría son de granito, material más consistente que la pizarra presente en otras zonas; algunos como el Mellizo (también llamado anta de la Marquesa) son auténticos iconos de estas manifestaciones.

Dolmen el Mellizo (Valencia de Alcántara)
 

Cerca de allí también destaca el conjunto dolménico de Santiago de Alcántara, en el que siguen apareciendo nuevos elementos en recientes excavaciones. Está compuesto de un total de 29 dólmenes de pizarra, lo que como es habitual ha provocado una degradación mayor de los mismos. En el caso de Lagunita III, presenta  una curiosa estructura alrededor a modo de jardín compuesta de piedras de cuarzo de similar tamaño, lo que le confiere un aspecto diferente al resto. En esta misma excavación se han hallado estelas y otros objetos, además de fermento de cebada, lo que parece indicar que ya fabricaban cerveza. Además, en el término municipal se encuentran 8 abrigos con pinturas rupestres y un panel con grabados; sin olvidarnos del centro de interpretación del Megalitismo, una estructura que simula un túmulo con interesantes contenidos sobre este fenómeno.

Dolmen Lagunita III (Santiago de Alcántara)

Muy interesante es también el conjunto de la localidad de Alcántara con hasta 50 dólmenes, si bien más degradados por estar hechos la mayoría con pizarra, lo que se ve compensado con la presencia del imponente menhir del Cabezo recientemente puesto en pie en una magnífica actuación arqueológica. Otros conjuntos son los de Cedillo con 23 dólmenes, San Vicente de Alcántara con 9 o Herrera de Alcántara con 5. Y no menos espectaculares son los casos de grandes estructuras megalíticas aisladas como los dólmenes de Lácara, Magacela, Toriñuelo en Jerez de los Caballeros o el del Milano en Barcarrota por mencionar algunos de los más destacados, porque hay muchos más repartidos por toda la geografía extremeña y la frontera portuguesa.

 

Dolmen de Lácara